Villajoyosa

Las coloridas casas de pescadores son el elemento más característico y representativo del gran legado histórico de este municipio de tradición chocolatera

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Turismo costero con altas dosis de tranquilidad en La Vila

Las calles de Villajoyosa, huelen a chocolate y están salpicadas con pintorescas casas de coloristas fachadas, que ofrecen una estampa fotográfica de historia literaria.

Este municipio de la Costa Blanca ofrece un turismo más discreto y relajado. Los 15 kilómetros de costa de su término municipal y sus más de diez playas así como su modelo de urbanismo responsable hacen que este tradicional pueblo de pescadores sea el contrapunto al bullicio de otras localidades cercanas.

Desde el paseo marítimo puedes callejerar y perderte por el Carrer Arsenal, Carrer del Pal, Pou o Sant Pere para contemplar el arcoiris multicolor que forman estas peculiares estampas que, dicen, eran así para que los pescadores, desde el mar y ya de vuelta a casa después de varios días, supieran identificar su hogar. Cuentan además que los balcones servían de elemento transmisor de noticias ya que, en la distancia, podían saber, en función del color de la sábana o tela que colgaba de ellos si les esperaban buenas o malas noticias.

También merece un buen paseo el conjunto histórico-artístico del casco antiguo, que es Bien de Interés Cultural.

Villajoyosa - casco antiguo y desembocadura rio amadorioVillajoyosa – casco antiguo y desembocadura rio amadorio

Sabores dulces y salados

Su gastronomía, basada en la pesca e influida por la tierra en la que se encuentra y que tanto sabe de de arroces, pescados, mojama, salazón de huevas o mariscos.

Otra de las dulces razones de peso para visitar La Vila es su tradicional chocolate. Muchas son las industrias con trayectoria familiar que ofrecen un producto de calidad y multitud de variedades que hacen las delicias de quienes se dan ese gusto para el paladar.  La historia que esconde esta industria, se puede conocer el en el Museo del Chocolate.

Su oferta costera ofrece más de diez playas de arena y algunas de rocas. La más conocida es la situada en el casco urbano, junto al puerto pesquero. Es la más extensa con un kilómetro y está adaptada para personas con movilidad reducida y ofrece todo tipo de servicios.

Si se prefiere algo más rústico y silencioso se recomienda pasar una jornada en Paradís, que hace honor a su nombre, o Bol Nou, más recoleta y con un chiringuito que es el refugio perfecto para saborear las largas tardes de verano. Todas ellas invitan a la tranquilidad y por supuesto a la práctica de deportes que permiten apreciar la oferta de su flora y fauna.

Entre los más practicados destacan el  esnórquel,  actividad de ocio que se puede practicar en las calas Estudiantes, Puntes del Moro, El Xarco, Racó de Conill y L´Esparrelló. Estas dos últimas, además, son nudistas.

Una imagen curiosa y pintoresca que ofrece un turismo costero con muchas dosis de tranquilidad aunque con todos los servicios y oferta lúdica para garantizar el disfrute de unas vacaciones junto al mar. Además, su ubicación permite conocer también otros municipios que se encuentran anexos a La Vila, y saborear toda la esencia de la Costa Blanca al completo. Una costa con sello turístico de todos los tipos.

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