València

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Luz, música y color para poner en valor la cultura y tradición

Con la vista puesta en el mar, pero con su columna vertebral sobre el cauce del río Turia. Así yace en el litoral mediterráneo València, una ciudad plena de luz y color, con un patrimonio monumental, cultural y natural al alcance de muy pocas urbes en España, y un sinfín de ofertas de ocio que abarcan desde el sol y la playa hasta las actividades deportivas o una rutilante gastronomía.

Si hay un eje sobre el que gira València, ese es el antiguo cauce del río Turia. Por donde antes circulaban sus aguas ahora hay un extenso jardín de alrededor de 10 kilómetros de longitud con unas 110 hectáreas de terreno. Su extremo oeste, con el parque de Cabecera, se convierte, además, en el inicio de la ruta verde del Parc Fluvial del Túria, que se adentra en el territorio hasta Vilamarxant. Los miles de deportistas que acuden hasta el lecho para hacer ejercicio cada día, en su mayor parte corredores, le ha valido al cap i casal ganarse el apelativo de «Ciudad del Running». Mientras, los cicloturistas que decidan recorrerlo por completo podrán descubrir los 18 puentes que unen los dos costados en que el río divide la ciudad.

Pero el Jardín del Turia no es solo un lugar de paseo, esparcimiento o actividad física… también alberga algunos de los principales hitos arquitectónicos más modernos de la ciudad, como es el caso del Palau de la Música y, sobre todo, el complejo formado por la Ciutat de les Arts i les Ciències y su entorno. Allí los amantes de la música pueden disfrutar de la ópera en el Palau de les Arts; los más curiosos podrán verse sorprendidos por el Museo de la Ciencias Príncipe Felipe; los aficionados al cine tendrán a su disposición la tecnología IMAX y 3D en L’Hemisfèric; y el público familiar podrá hacer las delicias de los más pequeños con una visita al mundo marino que esconde el Oceanogràfic.

Además de las entrañas de los océanos, los visitantes de la ciudad y sus vecinos tienen un rinconcito de África justo al otro extremo del Jardín del Turia, junto al parque de Cabecera, en Bioparc. Allí podrán observar su fauna en conseguidos hábitats que simulan a los del continente africano.

En la margen sur del Turia, las Torres de Serranos presiden una de las principales entradas a la antigua ciudad. Éstas, junto a las Torres de Quart, ofrecen hoy testimonio de la València amurallada que un día fue. Ya inmersos en el casco viejo, los visitantes pueden descubrir el amplio patrimonio histórico y arquitectónico con que cuenta la ciudad. La Catedral, del siglo XIII, preside un espacio privilegiado entre las plazas de la Virgen y de la Reina. El templo, que reúne una bella mezcla de estilos románico, barroco y gótico, conserva en su interior el Santo Cáliz. Los más osados pueden subir a pie los 207 escalones del Miguelete para contemplar una magnífica vista de la ciudad.

A escasos metros del conjunto de la Catedral se encuentra el Centro Arqueológico de l’Almoina, donde se vislumbran restos de la Valentia romana de la que nació el actual Cap i Casal.

No muy lejos de allí queda la iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir. En sus techos se hallan los recientemente restaurados frescos de San Nicolás, cuya espectacularidad les ha valido para ganarse el sobrenombre de la «Capilla Sixtina valenciana».

En dirección hacia la plaza del Ayuntamiento, el visitante se topará con el Mercado Central, el mayor mercado de productos frescos de Europa, con cerca de 300 puestos en alrededor de 8.000 metros cuadrados en un singular edificio de arquitectura modernista.

Le sigue a pocos metros la Lonja de la Seda, una joya del gótico civil valenciano que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996 y que refleja la prosperidad que mantenía la ciudad durante el siglo XV, cuando fue construida.

Junto a la emblemática plaza del Ayuntamiento se halla la Estación del Norte. Inaugurada en 1917, esta edificación de corte modernista con una gran riqueza ornamental todavía es el principal nexo de unión de la metrópolis con las poblaciones de sus alrededores.

En cuanto a la oferta museística de la ciudad, destaca el Museo Nacional de Cerámica-González Martí, en honor a la industria de la cerámica valenciana, que se ubica en el que es considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca de toda España: el Palacio del Marqués de Dos Aguas. Mientras, el Museo de Bellas Artes San Pío V alberga la segunda mayor pinacoteca de España, con obras de Sorolla, Goya y Velázquez y una colección de retablos medievales únicos en el mundo. El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), la Fundación Bancaja, Bombas Gens Centre d’Art o el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), entre otros, complementan esta oferta.

Por su parte, los mercados de Colón y Russafa y sus entornos se convierten en espacios idóneos para disfrutar de la gastronomía local o para ir de compras.

El Carme, Russafa y el Cabanyal

La vida de València también es la de sus barrios. Y, entre ellos, hay tres muy singulares: el Carme, Russafa y el Cabanyal. Las laberínticas calles adoquinadas del milenario barrio del Carme, que creció entre las murallas musulmana y cristiana, ofrecen un paseo por la historia de la urbe con sus edificios medievales, sus palacios y enclaves como el Portal de la Valldigna.

El histórico barrio de Russafa se ha reconvertido en un espacio moderno en el que se conjugan cultura y ocio nocturno. Por su parte, el Cabanyal todavía respeta, a escasos metros del mar, su pasado marinero mientras surgen nuevas propuestas culturales en sus entrañas.

Toda esta oferta patrimonial y cultural se añade a las distintas playas urbanas como la Malva-rosa o las Arenas y otras más salvajes como el Saler, la Garrofera o la Devesa, así como las bondades paisajísticas, la fauna y la flora del Parc Natural de l’Albufera, a tan solo 10 kilómetros del casco urbano de la ciudad.

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