Chelva

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Un crisol de cultura

Inmersa en la comarca de la Serranía, a unos 70 kilómetros de distancia y a poco menos de una hora en coche de la capital del Turia, la provincia de València cuenta con una «maravilla rural». Se trata del municipio de Chelva, que, gracias al crisol de culturas que queda representado a lo largo y ancho de su casco urbano, se ha ganado el apelativo de la «pequeña Toledo valenciana». En sus calles, divididas en tres barriadas históricas bien diferenciadas, los visitantes pueden ver cómo las distintas civilizaciones que han habitado Chelva han dejado allí su huella.

La impronta musulmana queda patente en el barrio andalusí de Benacacira, que con sus empinadas y angostas calles evoca los tiempos en que el zoco y la mezquita copaban la vida pública en la capital de la Serranía.

El paso al barrio judío del Azoque permite ver las calles que los vecinos hebreos de Chelva habitaron en su día, cuyo trazado original y sus vías estrechas todavía permanecen hoy en día pese al paso de los siglos.

Ya fuera del antiguo recinto amurallado se halla el barrio del Arrabal, donde se asentaron los moriscos y los cristianos que llegaban a la ciudad y donde se construyó la mezquita de Benaeça que, a merced de los cambios de la religión mayoritaria, se convirtió en la ermita de Santa Cruz y, más tarde, en el siglo XVII, en la ermita de los Desamparados.

Patrimonio y Ruta del Agua

Pero los visitantes que llegan hasta Chelva no solo quedan cautivados por las calles y los enclaves de sus tres barrios históricos. Un amplio abanico de patrimonio arquitectónico y natural, amén de distintos senderos y rutas planificados, atraen cada año a miles de visitantes al corazón de la Serranía.

La majestuosa iglesia arciprestal de Nuestra Señora de los Ángeles (s. XVII) preside la plaza Mayor, desde donde se puede iniciar la llamada Ruta del Agua. Un sendero guiado con señales y paneles informativos permite a vecinos, visitantes y viajeros «perderse» por Chelva siguiendo el sonido del flujo del líquido que da vida a esta ciudad.

El recorrido lleva a través del río Chelva, el principal afluente del Turia, hasta lugares singulares como Molino Puerto, la Playeta, el Paso de Olinches, el Acueducto de Peña Cortada, las Cuevas del Montecico o la Fábrica de la Luz. Todos ellos presididos por el santuario del Pico del Remedio, que domina desde las alturas todo el lugar.

Acueducto de Peña Cortada

Precisamente, el Acueducto de Peña Cortada es otro de esos atractivos por los que merce la pena conocer Chelva. Situado fuera del casco urbano, ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC), Se trata de una colosal obra de ingeniería hidráulica que fue construida por los romanos en el siglo I d.C. Este acueducto es uno de los más relevantes del país y conserva tramos a lo largo de 28 kilómetros. Los elementos más espectaculares son el Puente de la Rambla de Alcotas, el del Barranco del Gato y la Peña Cortada, ya en término municipal de Calles, un impresionante corte vertical seguido de una galería tallada en la roca que se puede recorrer.

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